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La encina milenaria de Guara

En la sierra de Guara, en un pueblecito llamado Lecina, existe una carrasca (encina) milenaria que es un símbolo y atracción turística para ese pueblo tanto por su tamaño como por su edad.

La carrasca de Lecina pertenece a la especie Quercus Ilex, con sus 16,26 metros de altura y tiene un perímetro del tronco de 7 metros.

¿Cómo llegar a la carrasca de Lecina?

Desde Panzano tenemos que llegar a Adahuesca y de allí continuar por la carretera que pasa por Colungo, tras unas curvas interminables pero con unos paisajes espectaculares, tras pasar Asque nos deviaremos a la izquierda dirección Betorz, hasta llegar a Lecina, donde aparcaremos en el parquin entrando a la izquierda.


Descendiendo un poco a la izquierda sale un camino, en el que hay un cartel indicandonos la encina milenaria, es un paseo breve y en buen estado, se puede ir en silla de ruedas

Una vez allí el tamaño de la carrasca es impresionante y nos dejamos abrazar por su sombra y el sonido de sus hojas.

Tras la visita a la encina podemos realizar varias rutas senderistas, visitar el Parque cultural del Rio Vero o pasear por las calles de este pequeño pueblo del AltoAragón.

La encina árbol de España 2021

La encina de Lecina fue nombrada durante el año 2021 árbol de España, en estos momentos se está realizando la votación para que sea árbol de Europa.

Todavia estas a tiempo de realizar tu voto en la web treeoftheyear, no olvides que hay que votar a otro árbol, los italianos y rusos nos siguen muy de cerca.


La leyenda de la carrasca de Lecina

Cuentan que hace mucho tiempo, Lecina estaba rodeada por unos impenetrables y misteriosos bosques de encinas y robles, donde se ocultaban lobos, osos y también las brujas. Los vecinos temían a las brujas ya que causaban enfermedades y muerte a personas y animales, o les mandaban terribles tormentas que asolaban la localidad.

Sin embargo, las carrascas y los demás árboles del bosque estaban muy contentas, ya que tal era el miedo de los habitantes del pueblo que no se atrevían a entrar en el bosque para hacer leña. Una de las más jóvenes carrascas no estaba muy contenta por la mala fama que tenía el bosque y el temor que producía, y sentía pena por los habitantes del pueblo. Tal era su enfado y disgusto no dejaba que las brujas se cobijaran en sus ramas.

Al final, las brujas escucharon las protestas de la joven carrasca y decidieron irse a otro bosque, pero para agradecer el apoyo prestado por las más viejas les concedieron todo lo que desearan.

Las más presumidas quisieron que sus ramas y hojas fuesen de oro. Otras desearon desprender uno de los más deliciosos perfumes, y el resto pidieron que sus hojas fuesen brillantes y de cristal. Sólo la pequeña carrasca quiso continuar siendo como siempre.

Las brujas les concedieron sus deseos y al poco tiempo se desató una terrible tormenta de viento y nieve, y aquellos arboles de cristal se hicieron añicos y murieron.

Otro día, un pastor no pudo impedir que su rebaño se lanzara a comer las hojas aromáticas. Desde entonces, los habitantes, cortaron esas encinas para alimentar a sus ganados con las hojas. En el bosque solo quedaban, además de nuestra pequeña carrasca, los árboles convertidos en oro. Pronto fueron desmenuzados por ladrones y vecinos.

De todo ese impenetrable bosque solo quedaría nuestra pequeña carrasca, que desde entonces todos respetaron y no dejó de crecer.

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